Jesucristo prometió a Pedro que sobre él edificaría su Iglesia (". – . edificaré mi Iglesia Mt. 16, 18), no sus Iglesias. Expresa su deseo de que todos los hombres formen "un solo rebaño bajo un solo pastor" (Jn, 10, 16), y manifiesta que "Todo reino dividido sí mismo, será desolado" (Mt. 12, 25).
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miércoles, 22 de mayo de 2013

YO FUI MORMONA


Formación superficial
Mi nombre es Yazmín Brisas Oré Ramírez. Mi familia era católica, aunque mis padres no estaban entonces casados por la Iglesia, por unos problema de partidas de bautismo quemadas o perdidas. Dejaron el tema y se casaron por lo civil. Me dieron una educación católica: hice la secundaria en el colegio Presentación de María, de religiosas, recibí los sacramentos, la comunión y la confirmación. A los 19 años estudiaba derecho, iba a misa e incluso cantaba en el coro, pero mi formación y mi fe era muy superficial.
Yo había oído hablar de sectas demoníacas y satanistas, y mi papá me prevenía contra los testigos de Jehová que tocaban a menudo a la puerta. Pero nadie me había hablado de los mormones

Un entorno seguro
Yo tenía una amiga en mi colegio de monjas que era mormona. Me dijo: “Acompáñame un domingo a ver mi iglesia”. Así que un domingo me salté la misa para ir con ella a ver su iglesia. Y me gustó. La gente era muy acogedora: todos lo eran, las señoras, las chicas de mi edad, los chicos.
Tenían reuniones para jóvenes en las que hablaban sobre las virtudes. A otros jóvenes quizá les parecería aburrido, pero yo era una chica con pocas amistades. No me gustaba salir de fiesta, las fiestas no me llenaban. En cambio, esta gente, que parecía tan pura, virtuosa e inocente, sí que me llenaba.
Hoy que soy católica y adulta sé que tenemos que enfrentar el mal que hay en el mundo y en nuestras vidas, pero entonces, con 19 años, yo no quería enfrentarme a la realidad, no quería embarrarme. Yo quería protección, un entorno seguro, un grupo acogedor y virtuoso que me protegiese. Los mormones me ofrecían eso.

Dos chicos jóvenes hablando de Dios
Ellos me enviaron dos jóvenes misioneros a visitarme a mi casa y darme charlas dos días por semana. Eran dos chicos de mi edad, de 19 años, uno peruano y otro de los Estados Unidos. Yo les decía a mis padres que eran cristianos y amigos de mi amiga y que venían a hablar de Cristo y de Dios. Ellos, demasiado confiados, nos dejaban solos en el salón.
Yo estaba impresionada de que dos chicos de 19 años, de mi edad, me hablasen de Dios con pasión. Más aún, estaban dedicando 2 años de su vida joven sólo a eso, a hablar de Dios. Me sorprendía y admiraba: no conocía a nadie en la Iglesia católica que hiciese eso.

Joseph Smith y el “verdadero” cristianismo
En las primeras charlas te hablan del Libro de Mormón. Te dicen que la enseñanza plena cristiana se había perdido desde la muerte del apóstol Juan, y que no se ha recuperado hasta que un ángel, Moroni, revela al profeta Joseph Smith, hacia 1830, dónde está el Libro de Mormón con todas las enseñanzas perdidas.
Usan siempre las mismas citas de la Biblia para apoyar al Libro de Mormón. Los mormones enseñan, según su libro, que Jesús, al resucitar, se apareció y enseñó a los pobladores de América. Eso lo apoyan en la Biblia cuando Jesús dice: “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también me conviene traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor” (Jn 10, 16). Para justificar que además de la Biblia esté el Libro de Mormón citan Ezequiel 37, 15-17, que habla de “un palo de Judá” y “un palo de José, o Israel”, que Dios ha de unir. Ellos dicen que esos dos palos son dos libros: la Biblia y las escrituras de Mormón. Y sobre el profeta Smith citan Amós 3, 7: “El Señor no hará nada sin revelar sus secretos a sus siervos los profetas”.

Es bueno preguntar
En esa época yo escribía un diario, que aún conservo. Y apunté una idea que se me pasó por la cabeza: “Si ese Libro de Mormón es otro testamento, ¿por qué no hay pruebas arqueológicas? ¿por qué no hay papiros de él o pergaminos de él, como con la Biblia?”. Los mormones enseñan que el ángel se llevó el libro de láminas de oro que José Smith había leído y traducido al inglés. Pero, ¿por qué Dios hizo algo tan distinto a lo que hizo con la Biblia?
Me daba vergüenza preguntarles eso porque ¡ellos eran tan amables!
A la pregunta de por qué no tenemos los textos que el ángel reveló a José Smith, ellos responden citando la carta a los Hebreos: “La fe es certeza de lo que no vemos” (Hb 11, 1-2) y citando también su propio libro: “Hay muchas cosas de Dios que no las vas a ver”.
En realidad, como comprobé después siendo misionera mormona, a los jóvenes misioneros mormones no les enseñan muchas respuestas a las objeciones. Muy pronto responden a todo con esta frase: “Te invitamos a que ores a Dios esta noche y que Él te hable y verás que es verdad lo que enseñamos”.
Y oré esa noche. Y no sentí nada, Dios no me dijo nada. Y lo escribí así en mi diario, sinceramente.
Pero a ellos, sugestionada o por lo que sea, les dije: “Sí, siento que es verdad”. Yo quería pertenecer a ellos. Sólo me pedían ser buena, y yo quería ser buena, y pensaba que la Iglesia verdadera sería simplemente la obediente a las cosas buenas, virtuosas, y parecían ser ellos.
Era 2005. Acababa de morir Juan Pablo II, salía Benedicto XVI como nuevo Papa, y algunos me decían que si era feo, que vaya aspecto, que cómo iba a seguir yo en la Iglesia Católica.

Rebautizada mormona
En fin, en esa fase, después de 4 o 5 charlas, te invitan a bautizarte como mormón. Para eso, te hacen antes una entrevista previa. Debes decir que crees en el Libro de Mormón y que aceptas al profeta Joseph Smith. También te preguntan si has matado a alguien, si has abortado, si has tenido relaciones sexuales. Creo que ellos no quieren aceptar a cualquiera, a gente que ha tenido una vida muy poco virtuosa, excepto si son parientes de alguien. Pueden rechazarte. Me parece que a las personas con inclinaciones homosexuales las rechazan a todas o casi a todas, por ejemplo.
A mí me aceptaron y organizamos mi bautismo mormón. Mi papá no vino; les dijo que éramos católicos “de la Virgen y del Señor de los Milagros”. De mi familia sólo vino mi mama ¡y mi madrina del bautismo católico! Hoy digo, ¿qué barbaridad, no? Mi madre lloraba: “Hija, pero si yo te di los sacramentos en la Iglesia católica”. Y yo le respondía: “¿Prefieres que me vaya de discoteca cada sábado, por ahí?” Con eso la presionaba. Ellos me veían feliz, y veían que los jóvenes mormones parecían gente buena. Era una falsa elección: o ellos, o el mundo de la noche y las discotecas.
En el bautismo mormón entras en una piscinita de cuerpo completo, con una túnica blanca. Tú escoges qué hombre te bautiza: yo escogí a los dos misioneros que conocía. Te echan para atrás, como hacen los baptistas y otros protestantes, y te sumergen y dicen: “En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”, pero, atención, porque ellos no piensan que es un único Dios; para ellos son 3 dioses distintos. Según los mormones, a Joseph Smith se le aparecieron el Padre y el Hijo en un bosque. Hay un dibujo típico que lo ilustra, como dos cuerpos distintos. Cada vez que en el Antiguo Testamento se dice que Moisés vio la cara de Yavé, o que Dios señaló con su dedo, o dio la espalda al pueblo, etc., los mormones interpretan que Dios Padre tiene cuerpo, con dedos, cara, espalda, etc.
En cuanto empiezas a ir con los mormones, te animan a pasar con ellos mucho tiempo. Te hacen estar cómodo, es como tener otra familia. Ellos no creen que Dios habita en ti y te transforma y hace santo. No, ellos creen que por sus propias fuerzas serán perfectos, que ya lo están siendo, porque cada uno va a ser un dios. Y claro, esa perfección es imposible, pero esa es la fachada que intentan dar.
Son muy exigentes en el control de la sexualidad: cualquier encíclica católica sobre el tema es mucho más humana, más comprensiva. Ellos son más tajantes, te controlan demasiado, como un robot. A las chicas las animan a estudiar, sí, pero lo ideal que plantean es que enseguida se casen y que tengan muchos hijos.

Muchos manuales para estudiar
Una vez bautizado, te dan muchos manuales para estudiar, algo que haces cada domingo en su escuela dominical. Mi experiencia, y lo vi con otra gente poco dada a los estudios, es que los primeros meses al menos hay mucho interés y se leen los libros. Ellos ofrecían también un servicio para ayudar a encontrar y ayudar a la gente.
Enseguida te dan un “llamamiento”, que es un cargo. En mi caso era una función con jóvenes. Un año después me hicieron misionera de barrio: en tus ratos libres acompañas a los misioneros en sus visitas a las personas interesadas, que en su vocabulario se llaman “investigadores”. Los acompañantes sirven para hacerse amigos de los “investigadores” (es decir, las personas no mormonas), invitarles, tender lazos, etc.
También aprendí a rezar al estilo mormón, siguiendo un tríptico que lo explicaba. Hay que hacer una breve oración al levantarte, otra al acostarte y otra en cada comida. La estructura es siempre igual: “Padre Celestial, te damos gracias por tal cosa, te pedimos tal otra, en el nombre de Jesucristo”. En las comidas, das gracias por la comida. Se dice siempre “Padre Celestial”, no “Padre nuestro”.

El culto mormón
El domingo hay una reunión de unas tres horas. La llaman “reunión sacramental”. Se juntan todos los miembros de una zona. No hay un oficiante sino un par de conferenciantes o discursantes, los que les toque ese día. Uno habla del ayuno, otro del diezmo (un tema en que se insiste mucho). Otro día pueden hablar del bautismo de los muertos o del “sellamiento”, como llaman al matrimonio. Al final, siempre alguien “da testimonio”, pero eso no consiste en contar su experiencia sino simplemente en exponer, de una forma muy repetitiva, que dé seguridad, semana tras semana, que crees en Joseph Smith, en el Libro de Mormón y en su iglesia.
Después me tocó ser misionera en el extranjero. Es algo que todos han de hacer: 2 años los hombres; uno y medio, las mujeres. Se realiza poco antes de acabar tus estudios. Te mirarían muy mal si no lo haces. Normalmente uno se casa después. A las chicas les animan a casarse con jóvenes que ya han misionado, porque son más maduros en la fe.
Los misioneros mormones son, sobre todo, esos chicos y chicas jóvenes. También hay adultos ya jubilados que van como misioneros unos años al extranjero. Y hay además matrimonios mayores, a veces pre-jubilados, que pueden ser presidentes de misión. No hay misioneros “de por vida”. Tampoco hay “pastores”. Lo más parecido es el “obispo”, pero no se mantiene con los diezmos, sino con un oficio. Los diezmos son para mantener las “capillas” (centros locales) y el resto va todo a la central a Estados Unidos. Por eso no hay escándalos de pastores con vehículos caros o gustos lujosos.

Te quitan a tu hija… y debes pagar por ello
En 2006, yo llevaba ya un año y medio de miembro, y mi novio era un mormón peruano que ya había sido misionero. Quedamos en que yo haría la misión y quizá luego nos casaríamos. Él me animó a ir a la misión. Es caro: parte lo pagas tú, otra parte tus padres y otra la iglesia. Yo tenía ahorrados como 500 euros, mucho dinero para Perú, que gasté en esto. Mis padres debían comprometerse a 100 euros mensuales. Mi madre lloraba: les quitaban a la hija y además había que pagar por ello. Y había que comprar mucha ropa y materiales, gastos que impacientaban a mi mamá. “Es una vez en la vida”, le decía yo.
Primero me mandaron a Colombia casi un mes a formarme. Era como un internado donde estábamos muchos muchachos y muchachas de Perú, Colombia, Venezuela…

Entrenamiento del joven misionero mormón
Nos enseñaban cómo convencer a la gente, con unos vídeos, cómo hablar, qué hacer si te sale mal. Era muy pesado, pero yo estaba contenta. Te enseñaban las escrituras que hemos comentado y cómo responder las preguntas de los “investigadores” (la gente no mormona).
Los mormones no quieren que les refutes mucho; el mormón da sus citas, y si le hacen preguntas dicen lo de “récelo y verá que es verdad”. Ellos dicen que no tienen que perder tiempo refutando doctrinas. Apenas intentan tapar dudas con la Biblia o el Libro de mormón. Nos enseñaban a hablar sólo de Joseph Smith, de la nueva revelación completa, del Libro de Mormón.
Nos explicaban que la enseñanza cristiana se pervirtió con Constantino en el siglo IV, que se corrompió el cristianismo. Luego aprendí que esto lo tomaron de otros protestantes. Allí nos enseñaron que Calvino y Lutero apenas “prepararon” el camino para la recuperación del cristianismo, que llega con Joseph Smith.

La compañera inflexible
Llegué de misionera a Guayaquil, Ecuador, en marzo de 2007. Me pusieron una compañera chilena, de mi edad, muy reglista y exigente, que no admitía ningún decaimiento ni cansancio. Era hija de mormones, con 9 hermanos, crecida en familia mormona, no como yo. Los misioneros van en parejas, a todas horas excepto al baño. Espanta peligros, pero también “tentaciones”.
Cada día a las 6 y media de la mañana nos levantábamos a estudiar lo que hablaríamos en la calle. A las 9 y media salíamos, tratábamos a la gente, de pie, caminando, con el calor de Guayaquil. Un descanso para almorzar, y seguir hasta la noche. De noche nos arrodillábamos y rezábamos pidiendo más “investigadores”. Si nos peleábamos entre nosotras, ese era un momento para pedirnos perdón. Aunque los lunes era día de descanso y otros misioneros hacían turismo, ella me ponía a estudiar.
Y así, siendo misionera en Guayaquil, se quebró mi confianza en la fe mormona.

La anciana católica resistente
La primera “caída” fue por una señora de unos 75 años, que era muy católica, aunque uno de sus hijos era evangélico y el otro era obispo mormón. Este obispo nos insistía y mi compañera se había encaprichado con conquistarla, y le llevaba postres y la visitábamos mucho.
Cuando un católico se pone muy firme, nos habían enseñado en que hay que insistir en que la Iglesia católica ya no era de Cristo, que no lo era desde Constantino, que todo era malo desde entonces: las imágenes, la Virgen, el bautismo de niños, etc.
Y mi compañera insistía tanto que yo recordé mi propio pasado católico y me emocioné. Y se lo dije a ella, a la compañera chilena, llorando: “si convenzo a esta señora siento que estoy traicionando algo mío”, dije. Mi compañera quedó de piedra. “Es normal, hace poco que eres miembro, eres de familia católica, yo hablaré con la señora”, respondió ella. No sirvió de nada: la señora llegó a la entrevista bautismal por insistencia de su hijo y sin convencimiento, pero como dijo que no pensaba ni dejar de fumar (algo importante para los mormones), la rechazaron. Y la dejamos.

Evangélicos y testigos, ¡mucha Biblia!
El caso es que descubrí que casi no teníamos argumentos ni respuestas. Los testigos de Jehová nos ponían cabeza abajo, no aceptaban ni a Joseph Smith ni su libro y no estábamos preparadas para refutarles nada. Y también los evangélicos nos refutaban y yo pensaba: ¿somos misioneras, entrenadas, pero no sabemos responder cosas supuestamente básicas de la Biblia? Y empecé a dudar. Esa era mi segunda “caída”, ver que no teníamos respuestas. Y lloré otra vez: “estoy dudando de la fe”.
La misión, que debía reforzar mi fe mormona, la estaba destruyendo. Y me preguntaba: “¿Estaré haciendo bien al querer cambiarles su fe?, ¿tengo derecho a cambiar su vida? ¡Si hasta yo dudo!”
Yo ya me había empezado a fijar en cosas: que los mormones casi no usan la Biblia, que habían tenido poligamia en un pasado reciente, que había doctrinas ocultas. Y yo me di cuenta que me gustaban y me emocionaban las campanas en las iglesias católicas, y ver la gente que salía en procesión, devota del Divino Niño. Y la Virgen. Me preguntaba: “¡Cómo voy a decir que esto es malo y pagano!
Y en un encuentro con el obispo mormón le dije: “Siento que miento cuando hablo” y dije que quería dejar la misión. Pedí a mi compañera: “Dile al presidente de la misión que me vuelvo a mi país, que me siento un robot”.

Defendiendo al Papa
El presidente de la misión intentó disuadirme para que no marchase. Pero yo no le dije simplemente “añoro a mi familia” o “estoy cansada”. Yo defendí la Iglesia católica. Le dije que ya no quería hablar mal de la Iglesia católica, que yo pensaba bien del Papa, y que en la Iglesia católica hay santos y gente buena. Y eso le enfadó.
Él me insistió, afirmando que la Iglesia y el Papa son la Ramera de las Escrituras, que mis sentimientos venían del demonio, que si volvía al catolicismo mi vida sería un desastre en todos los sentidos. Durante una semana cada noche mi compañera me intentaba convencer; le daban instrucciones de cómo convencerme. Y le dije: “Sal de mi cuarto que me confundes”. Y esos días, después de varios años, empecé a rezar a la Virgen, a pedirle que me protegiera, porque mi compañera se ponía muy sectaria y tenía miedo de que llegara a pegarme. Me dije: “en cuanto llegue a Perú con mi familia, lo del mormonismo se va a acabar”. Ya sabía que no podría encajar.

De vuelta a casa: un año de insistencia
Al final me pagaron el vuelo a Perú. Y fui a mi casa. Allí los mormones me enviaron a mi novio, a los amigos, a mi mejor amigo. Yo dudaba. ¿Volver? Pero ahora ellos me daban miedo, no seguridad. Ya mi hermano me había dicho: es una secta. Insistieron casi un año. Pero yo ni les recibía, ni a mi antiguo novio: no quería recaer por amistad. Mis papás me dijeron: corta con todos ellos. Mis padres cobraron la fuerza que antes no habían tenido.
Estuve un buen tiempo aislada en mi casa, sólo con Internet, leyendo de gente que salía de sectas. Hablé con el párroco de mamá, pero sólo me dijo: “Bienvenida: no te sientas mal”. No me dio más formación. Yo necesitaba una atención especial, acababa de salir de un grupo muy cerrado e intenso.
Mis padres se estaban convirtiendo, avivando su fe católica en las catequesis del Camino Neocatecumenal, pero tampoco ellos me daban respuestas. Yo creía que la Iglesia católica era verdadera, y que la evangélica también lo era, porque leía muchos testimonios de ex-mormones en Internet que eran evangélicos. No había ningún “carisma” católico que me limpiase de mi experiencia mormona. Pero los pastores evangélicos tampoco me inspiraban confianza.

Los que sabían de sectas
Y un día mi madre me dio un folleto sobre sectas editado por los Apóstoles de la Palabra (www.apostolesdelapalabra.org), un apostolado católico muy basado en la apologética, en la defensa de la fe. Busqué su dirección. “Viven aquí en la esquina”, me dijeron. Llegué en bici, y allí estaban las hermanas Apóstoles de la Palabra. Mi historia les asombró. “Nunca nos había llegado alguien con esta necesidad. Ven con nosotras los sábados”, me invitaron. Y fui a sus charlas: entendí la enseñanza católica sobre las imágenes, Dios, la naturaleza de Cristo. Me dieron libros, todo bien explicado. Y ahora, cuando venían los mormones, ya no los rehuía: los enfrentaba, les sacaba la Biblia, les refutaba.

María y una vida nueva
Hoy, mirando al pasado, creo que lo que más me ayudó fue la presencia de la Virgen María, que he reconocido después. Al volver al catolicismo, vi películas sobre ella, le recé… María, creo, es lo que más me ha alegrado recuperar, y ella me ha atraído a través de sus imágenes.
Publiqué mi testimonio en algunas webs católicas, y conocí por Internet a quien hoy es mi esposo. Él también había estado cerca de los mormones por un amigo suyo y a mí me ayudó con argumentos y amistad. Él es español, de León. Después de tres años de novios “cibernéticos” nos casamos en Lima y ahora vivimos en Madrid. Somos catequistas de niños de Primera Comunión en la parroquia de San Romualdo. Y les damos pequeñas enseñanzas de una fe razonable, para defender la fe de la Iglesia de todo tipo de ataques.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Él era pastor pentecostal; ella «ferozmente anticatólica»... la salud y Newman les cambiaron



Un día ella resopló, se separó del ordenador echándose para atrás y le dijo a su marido: ´¡Dios mío, vamos a tener que hacernos católicos!´.

En la conversión de Ken y Alliston no hay más elementos extraordinarios que su amor a la verdad y su conformidad a la voluntad de Dios.

"Mi marido creció muy a gusto como protestante, asistiendo a iglesias baptistas o congregacionalistas, y yo crecí ferozmente anticatólica, asistiendo a iglesias baptistas independientes o no denominacionales. Ambos estábamos convencidos de que todos los demás no eran realmente cristianos, en particular los católicos, a quienes considerábamos los más peligrosos porque creían que lo eran", recuerda Alliston en el testimonio recogido el 24 de noviembre en Catholic Sistas, que titula expresivamente como De la confusión cristiana a la claridad católica.

A gusto en el pentecostalismo
Tras su matrimonio, ella y Ken, marine, se trasladaron a Carolina del Norte, donde la iglesia que más les gustaba era de las Asambleas de Dios, una de las mayores organizaciones pentescostales: "La predicación era exaltada, los servicios largos y emotivos, y la música te llevaba desde las profundidades del llanto a las alturas de la danza. Era agotador y vigorizante".

Ken se fue involucrando más, se formó teológicamente y se convirtió en ministro de las Asambleas de Dios, pastor a tiempo parcial y predicador sustituto en sus dos últimos años en el Cuerpo. Tuvieron un niño, se trasladaron a Arkansas, y allí Ken empezó a trabajar en proyectos de rehabilitación de alcohólicos y drogadictos.

La enfermedad del pequeño que selló una etapa
Fue entonces cuando le diagnosticaron al pequeño fibrosis quística: "Comenzaron meses, incluso años, de infierno", sintentiza Allison. Y, sin embargo, fue el principio de su conversión.

¿Por qué? Las Asambleas de Dios se basan en las 16 Verdades Fundamentales, la duodécima de las cuales es: "La sanación divina es una parte integral del Evangelio. Laliberación de la enfermedad fue provista en la expiación y es un privilegio de todos los creyentes“.

"Suena genial, ¿verdad?", dice Alliston: "Pero ¿cómo sonaba esta ´verdad´ en nuestra vida real. He aquí algunas de las cosas que nos decían, que incluso nos gritaban". Y recuerda: "No lo aceptes. La enfermedad viene de Satanás. Quédate ante el altar hablando en lenguas hasta que obtengas la sanación. Basta con que creas que está curado. Si tienes fe, sucederá. Así está prometido".

"La otra cara de la moneda de esta espiritualidad marchita", continúa, "es que, cuando una sanación no ocurre, es que algo funciona mal en quienes rezan... en nosotros. Nuestra fe. Nuestra vida de oración. Nuestra confianza en Dios. Nuestro culto a Dios. Teníamos un pecado oculto. No amábamos a Dios lo suficiente. No amábamos a los demás lo suficiente. No cantábamos o no hablábamos en lenguas lo suficiente. Si la sanación es ´un privilegio de los creyentes´... entonces es que no éramos verdaderos creyentes".

Apacible vida protestante... si no hubiesen buscado la Verdad
Regresaron a Carolina del Norte a una pequeña comunidad rural donde Ken hacía de pastor, pero fue "aún peor", pues "si obviamente Ken no tenía la fe y el amor a su hijo suficientes para que el niño sanase, entonces no le querían dirigiéndoles y rezando por ellos". Tuvieron un segundo hijo, volvieron a Arkansas, pero aunque Ken ya había cumplido los cinco años de ministerio que permitían su ordenación, prefirió dimitir.

Se alejaron de las Asambleas de Dios, volvieron a la primitiva denominación evangélica en la que habían contraído matrimonio, Ken empezó a trabajar en el ámbito de la salud mental y la educación de adultos, tuvieron un tercer hijo -una niña- y empezaron "una apacible vida de respetables protestantes".

Él empezó a profundizar en el estudio de la autoridad en la Iglesia, y ella en el de las posturas ante el aborto de las distintas denominaciones: "De alguna forma -fue, por supuesto, el Espíritu Santo-", recuerda Alliston, "ambos acabamos estudiando las posiciones de la Iglesia católica sobre nuestros respectivos ámbitos de estudio".

Irritación
Decidieron investigar la pretensión de la Iglesia católica de haber sido fundada por Jesucristo mismo. Compraron "montones de libros": "Nos levantábamos temprano para leer y nos pasábamos las noches leyendo. Nos interrumpíamos uno al otro, excitados e irritados, porque yo sólo tenía un año de estudio de la Biblia, pero Ken tenía dos licenciaturas en seminarios fundamentalistas y estaba furioso al ver que los primeros cuatrocientos años de historia de la Iglesia habían sido ampliamente ignorados, y que de San Agustín y Santo Tomás de Aquino apenas le habían enseñado más que un par de breves citas. Alguien mentía".

Se compraron el Catecismo de la Iglesia Católica, así como libros de George Weigel y otros de apologética: "Estabamos sorprendidos, incluso chocados". 

"María como Nueva Arca de la Alianza, la comunión de los santos, la totalidad de las Escrituras, la Iglesia como fundamento de la verdad, y especialmente la Presencia Real... ¡mi brillante marido historiador y teólogo se enamoró!", exclama Alliston. Estudiaron las obras del Beato John Henry Newman, "que siguió la pista, siglo a siglo, de las verdades que los anticatólicos desdeñaban como creencias paganas procedentes de la corruptora influencia de Roma", comprobando que "se habían creído y practicado mucho antes de que el emperador Constantino legalizase el cristianismo, antes incluso de que se codificase el Nuevo Testamento".

"Ya somos católicos"
"Nos pusimos muy nerviosos", continúa la mujer de Ken: "Comprendimos que esto ya no era sólo un estudio interesante, sino una búsqueda de la Verdad. Empezamos a leer literatura anticatólica y manuales académicos para compensar, pero encontramos que cuando no confirmaban la historia de la Iglesia, la exponían descuidadamente o falsificaban sus enseñanzas".

"Una noche", concluye Alliston, "resoplé, eché la silla hacia atrás separándome del ordenador y le miré con ojos interrogantes: ´¡Dios mío, vamos a tener que hacernos católicos!´, le dije. ´Ya lo somos en nuestro corazón y en nuestra mente´, me contestó. Yo ya no estaba inquieta. Sólo pensaba en lo que íbamos a afrontar. Ken nunca volvería a predicar. Perderíamos la cómoda compañía de nuestra amable y pequeña iglesia. Tendríamos que explicar a los niños mayores, de 7 y 9 años, lo que habíamos aprendido y lo que teníamos que hacer. Nos trasladaríamos a un terreno eclesiástico con el que no estábamos familiarizados".

Y así lo hicieron: "Puesto que estábamos convencidos de que la Iglesia era el mecanismo de transmisión de la Verdad establecido por Nuestro Señor Jesucristo mismo, escribimos una carta a nuestro pastor y al consejo de la comunidad, dimitimos de nuestros cargos, informamos de nuestros planes y les agradecimos su amistad y compañerismo". 

"Luego llamamos a la unica iglesia católica del pueblo y concertamos una cita": así, sin alharacas ni grandilocuencia, con el sello de la autenticidad, concluye el testimonio de Allison.



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